Dormir ya no es sinónimo de descansar. Miles de personas cumplen sus ocho horas de sueño y aun así amanecen agotadas, con dolor de cabeza o sin ánimo para iniciar el día.
La causa, advierten especialistas, podría estar en un hábito cada vez más común: dejar el celular encendido y a un lado de la cama.
El teléfono se ha convertido en el último objeto que vemos antes de cerrar los ojos y en el primero al despertar. Notificaciones, vibraciones y destellos de luz interrumpen de forma casi imperceptible el ciclo natural del sueño.
De acuerdo con un reportaje de Infobae, estos estímulos reducen la producción de melatonina —hormona clave para dormir— y evitan que el cerebro alcance las fases profundas donde se regenera y organiza la memoria.
Aunque la persona no lo note, el organismo permanece en estado de alerta. Cada sonido o aviso del dispositivo provoca microdespertares que fragmentan el descanso. El resultado es una mañana con sensación de desvelo, falta de concentración, irritabilidad e incluso menor rendimiento laboral o escolar.
Especialistas recomiendan medidas sencillas: apagar el celular antes de dormir, dejarlo fuera de la habitación o activar el modo avión. También sugieren sustituirlo por un despertador tradicional y evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse.
El mensaje es claro: si el teléfono sigue reinando en la mesa de noche, el cuerpo seguirá pagando la factura. Apagarlo no es un capricho, sino una inversión directa en salud y bienestar.










